La seguridad privada busca gente todo el año. Pero para trabajar en serio hace falta la habilitación en regla, y ahí es donde muchos pierden tiempo y plata: cursos que prometen credenciales que no pueden emitir, o capacitaciones que no sirven en la jurisdicción donde la persona iba a trabajar.
Preferimos que lo sepas antes y no después de pagar un curso. El trabajo de vigilador tiene cosas muy buenas y cosas que no le sirven a todo el mundo, y conviene mirarlas de frente.
Lo bueno. Hay demanda estable durante todo el año y en todo el conurbano. Se entra sin experiencia previa. Es empleo en relación de dependencia, con convenio, aportes y ART cuando la empresa trabaja como corresponde. Y tiene recorrido: de la puerta se puede llegar a supervisión, monitoreo o protección de personas.
Lo que hay que saber. Se trabaja de noche, los fines de semana y los feriados, casi siempre con turnos rotativos. Y buena parte del tiempo no pasa absolutamente nada, que es justamente lo difícil: sostener la atención durante ocho horas en las que todo está tranquilo es una habilidad, y es la que separa a quien dura de quien deja a los tres meses.
Si querés el panorama completo del oficio, está en cómo ser guardia de seguridad en Argentina.
Cuatro etapas. La primera es una conversación, no una venta.
Nos contás dónde vivís, dónde pensás trabajar y con qué documentación contás. Con eso te decimos qué capacitación te corresponde y qué vas a tener que reunir. Sin costo.
Antecedentes penales, apto psicofísico y estudios. Es el paso que más demora si se arranca tarde, así que conviene iniciarlo en paralelo con la cursada y no después.
Marco legal y responsabilidades, control de accesos y documentación, redacción de novedades, manejo de conflictos, primeros auxilios y prevención de incendios. Teoría y práctica.
Te acompañamos en la gestión de la credencial ante el organismo que corresponda y, cuando tenemos búsquedas abiertas, la gente formada por nosotros es a la que llamamos primero.
No es una lista para llenar un folleto: es lo que le pedimos a un agente el primer día.
Qué podés hacer y qué no. Saber dónde termina tu facultad es lo que te protege a vos y a la empresa, y es lo que más se ignora.
Identificación, registro, criterio para autorizar y para negar. La mayoría del trabajo diario pasa por acá.
Un libro bien llevado sirve como respaldo; uno mal llevado te complica. Se practica escribiendo, no leyendo teoría.
Cómo bajar la tensión de una situación con público delante. La habilidad más valiosa del oficio y la menos enseñada.
Muchas veces el guardia es la primera persona que asiste ante una descompensación o un accidente.
Uso de extintores, evacuación y qué hacer en los primeros minutos, que son los que definen el resto.
Aplican a cualquier academia, incluida la nuestra. Si no cumplimos con estos puntos, no nos elijas.
La credencial la emite el Estado, no una academia. Quien te la promete directamente, o no sabe cómo funciona o te está mintiendo.
La regulación es por jurisdicción. Si no te lo preguntan antes de cobrarte, no están mirando tu caso.
Hay contenidos mínimos exigidos. Un curso exprés de un par de horas no cubre lo que después te van a pedir.
Preguntá quién da las clases y en qué objetivos trabajó. Enseñar seguridad sin haber estado en un puesto se nota rápido.
Lo que más nos consultan quienes están evaluando empezar.
Con saber en qué zona vivís, dónde pensarías trabajar y qué documentación tenés, te decimos qué capacitación te corresponde y qué pasos siguen. Si de esa charla sale que todavía no es el momento, también te lo vamos a decir.
La academia es una parte de la empresa, no un negocio aparte. Estos son los servicios donde se aplica todos los días lo que enseñamos.
El destino más habitual de quien se forma: el puesto, la consigna y la supervisión.
Una especialización posible después de sumar experiencia en objetivos fijos.
Otra salida del rubro: operar sistemas de videovigilancia en vez de estar en la calle.
¿Dudas sobre si el rubro es para vos? Escribinos y lo charlamos.